lunes, 29 de octubre de 2007

Jóvenes de Chile y su desinteres politico social.

enviado al Correo del coordinador por Rodrigo Diaz


Cuando decimos jóvenes en Chile hablamos de las personas adolescentes entre 15-19 años, y las personas jóvenes propiamente tales, entre 20-24 años. Este rango entre 15 y 24 años es el oficial, que reconoce Naciones Unidas para hablar de la juventud, pero a estos se han agregado las personas jóvenes-adultos, entre 25 y 29 años, este ultimo utilizado en rango de juventud en partidos políticos de Chile.

Este rango entre 15 y 29 es el que registramos en Chile para hablar de los jóvenes, y donde el Estado interviene con políticas públicas y sociales. De acuerdo al Censo de 1992 los jóvenes de entre 15 y 29 años suman un total de 3.649.078 personas, que son un 27,3% de la población total del país.

Un 83,9% habita en zonas urbanas, especialmente Santiago, donde vive casi la mitad. A las ciudades llegan en su mayoría mujeres, que emigran de zonas rurales para buscar mayores oportunidades laborales. La desigualdad de la sociedad se evidencia en las actividades que realizan los jóvenes de acuerdo a sus ingresos, donde en los sectores más pobres se exhibe una menor cobertura educacional y una mayor cesantía. La encuesta Casen de 1996 indicaba que había 790.000 jóvenes en situación de pobreza (22%) y un total de 190.000 en calidad de indigentes (5,4%)

En el año 1970 los jóvenes de 18 a 21 años votaron por primera vez y tuvieron un peso importante en los resultados, en los que salió elegido Salvador Allende. Tradicionalmente vinculados a la fuerza liberadora y rebeldía, eran en aquellos años actores y protagonistas indiscutidos de la actividad política en partidos y organizaciones sociales. Con el golpe militar, fueron los jóvenes la población más golpeada por la dictadura. El 62% de víctimas reconocidas oficialmente entre muertos y desaparecidos tenían entre 16 y 30 años.

La dictadura militar hizo su propio intento de convocarlos, con un manoseado ideario nacionalista, a través del Servicio Nacional de la Juventud. Pero los jóvenes fueron la fuerza que encabezó las acciones de protesta y subversión contra la dictadura, y las cárceles fueron una visita obligada para miles de jóvenes universitarios y de sectores populares. Estos, la voz de los 80, constituyen hoy una generación anunciada y cantada por Los Prisioneros.

Fueron también jóvenes los que en los inicios de los noventa encabezaron las celebraciones del retorno al sistema democrático, que luego de 17 años de dictadura muchos sólo conocían por testimonios y lo que sabían de la historia, y que ahora se les anunciaba como el mundo de la libertad y la igualdad de oportunidades.

Hoy se habla de los jóvenes relacionándolos con la apatía, el individualismo y el desinterés o el desencanto político. Y, la verdad, la realidad va dando cuenta de su paulatino alejamiento de la actividad política tradicional.

En las últimas elecciones presidenciales, en que salió electo Ricardo Lagos, ese derecho sólo fue ejercido por un 4,1% de los jóvenes entre 18 y 19 años. Sólo el 1% de los jóvenes de 18 años se inscribió para votar en estas elecciones. El total de inscritos en 1993 fue de 8.084.439, lo que bajó en 1999 en mil personas, cuando la población en edad para inscribirse creció en cerca de 200 mil.

Mirando hacia atrás vemos que ya en el año 1990, poco después del plebiscito, el número de jóvenes inscritos en registros electorales bajó de 2.609.655 (1989) a 2.348.974, lo que marcó el inicio del desarrollo de una disminución de la participación electoral que sigue hasta hoy, donde sólo quedan unos 1.315.310 jóvenes inscritos

La juventud es también diversidad, lo que hace más difícil encontrar explicaciones que valgan para todos, pero, al menos, en el hecho de no inscribirse no se puede hacer una calificación socioeconómica. Mujeres y hombres, ricos y pobres no se distinguen mucho en ello. La única diferencia significativa existe entre la juventud metropolitana, con la más baja inscripción, y las regiones como la extrema austral XII, con la mayor inscripción electoral juvenil.

Qué ha pasado para que un derecho que históricamente fue uno de los más luchados se haya convertido en un deber no querido, "una perdida de tiempo", algo "inútil" o incluso una especie de traición a los principios de algunos grupos juveniles.

El "niahismo" de la nueva generación ha generado preocupación en las autoridades y otras instituciones. Un gobierno que sólo ha sido elegido por una cuarta parte de los jóvenes de su país difícilmente puede exigir plena representividad ante ellos. Mientras la no participación electoral para algunos es sólo el símbolo de una cultura juvenil cada vez más individualista, consumista, menos solidaria y con menos interés y motivación creativa o liberadora, para otros es una expresión netamente política, una respuesta contestataria a la política real y un rechazo al sistema que limita la participación ciudadana, ya que aparte de ejercer el derecho a voto, no se ven otros espacios de participación, donde los jóvenes sientan que están siendo parte de los cambios.

También están aquellos que buscan las respuestas a interrogantes como ¿por qué los jóvenes son como son y por qué ya no están dispuestas a participar con su voto en la legitimación del gobierno?, ¿es apatía o antipatía?, ¿es crítica?, ¿cuál es esta crítica?, ¿cómo y dónde se expresa el discurso juvenil sino por los canales tradicionales que son los partidos y el voto?, ¿tienen propuestas?, ¿cuál es la realidad que viven?.

Y si las estadísticas llevan a buscar explicaciones, una de ellas está, sin duda, en la decepción frente a las expectativas que había anunciado la vuelta a la democracia. Pero en una sociedad con tantos cambios, con un dictadura inconclusa, con una democracia aún a medias, donde los jóvenes tienen un mayor acceso a las comunicaciones e información y, por tanto, acceso a una mirada más amplia y fuera de nuestras fronteras, también requiere profundizar las explicaciones.

Si uno escucha el mensaje del discurso político juvenil se encuentra con una percepción muy negativa de la clase política. "Se supone que los políticos deben aportar al país con ideas, proyectos y planes que lo mejoren, pero por lo que se ve los políticos piensan en su bolsillo y no en el de Chile", es una respuesta que muestra el estereotipo de político que durante años mostró el discurso de la dictadura militar, pero donde también hay ejemplos actuales que le muestran a los jóvenes que hay algo de verdad en ello.

Una crítica aceptada es que la participación política tiene como fin acceder al poder para tener puestos de trabajo y no como la voluntad de mostrar y desarrollar sus proyectos de sociedad.

Hoy los propios partidos políticos hacen su mea culpa de esta situación e intentan modificar sus estrategias y discurso con el fin de adecuarse a una realidad distinta, donde lo cotidiano y lo individual tiene más peso, y donde la mentira, la injusticia y la mediocridad tiene menos espacio.

Al autoritarismo, como una secuela de la dictadura, se fue sumando también el verticalismo y centralismo de la actividad política? también dentro de las juventudes políticas- lo que es rechazado por la nuevas generaciones. No quieren "obedecer y callar" quieren participar, pero no dentro del sistema existente.

En 1991 el Presidente Patricio Aylwin dio cumplimiento a su compromiso con los jóvenes, al crear el Instituto Nacional de la Juventud? INJ (hoy en día funcionan varios, como lo sonlas OMJ Oficina Municipal de la Juventud y el ya conocido INJUV Instituto Nacional de la Juventud dirigido hoy en día por su Director Juan Eduardo Faundez). “INJ” , institución que sería el canal de participación en la transición política se lanzó a la tarea de cautivar a los jóvenes. Dotada de profesionales para investigar y atender las demandas juveniles, era el espacio para iluminar las políticas del nuevo gobierno en este ámbito, las que debían surgir en el contacto directo con la población.

También debía coordinar la acción de servicios públicos y privados para la ejecución, supervisión y evaluación de planes y políticas. Debía mantener y desarrollar servicios de información, orientación y capacitación a quienes laboran en programas de acción estatal, en particular funcionarios públicos. Y también, vincularse con organismos nacionales o internacionales que se relacionan con estos asuntos. E fin, debía estudiar y proponer iniciativas legales en la materia.

El INJ se hizo conocido con su Tarjeta Joven, los Programas de Capacitación Laboral, los Albergues Juveniles, las Casas de la Juventud y los Centros de Desarrollo Juvenil. La democratización de los municipios también llevó a generar iniciativas que permitieran crear Oficinas Comunales.

Al fin las iniciativas legales, campañas y otras actividades tendrían una mirada desde los jóvenes. Nuevas formas y estilos. Pero ello no ocurrió, ya que este buen comienzo mostró muy pronto sus deficiencias. Como todo organismo público su orientación estaba limitada por el diseño de sociedad que estaba en funcionamiento, y ahí los jóvenes eran más sospechosos que sujetos plenos de derechos.

Las iniciativas fueron generando más frustración. La capacitación laboral no significaba encontrar o asegurar un empleo. Los proyectos de los Centros de Desarrollo Juvenil no pudieron ser todos terminados, perdiéndose el esfuerzo desplegado, ya que los impregnaba la lógica del mercado y los jóvenes debían sustentar las infraestructuras y generar sus propios financiamientos. Las oficinas de los municipios, salvo algunas de mayor voluntad, eran casi virtuales, con un designado en el cargo pero sin objetivos locales, infraestructura y presupuesto para funcionar.

Un escándalo de tipo financiero en 1997, fue la gran excusa para terminar de minar el trabajo de este organismo. Cuestionado por la derecha -especialmente su voz en temas valóricos como la sexualidad- sin mayor apoyo político de los partidos de gobierno y sin un reconocimiento validado por los propios jóvenes y sus organizaciones, terminó por dejarlo en un segundo plano.

Estaba claro que el tema de los jóvenes era difícil, que no había claridad ni una sola posición para enfrentar sus desafíos y, aunque no fue el único organismo con un escándalo financiero en la década pasada, se aprovechó el momento para silenciarlo. Se le cambió hasta el nombre, y el ahora INJUV, coartado totalmente, perdió presencia nacional.

Durante la administración de Eduardo Freí las políticas juveniles insistieron en su esfuerzo por acercar al joven al mundo del trabajo e integrarlos a esta sociedad. Lo positivo es que este esfuerzo avanzó en hacer entender que los jóvenes tenían sus derechos, por ello es que los jóvenes buscan que no sólo se le digan sus responsabilidades, sino que se avance también en sus derechos. Pero, hasta el inicio del tercer gobierno de la concertación, el INJUV era un espacio acallado, que sólo volvería a saltar a la primera plana este año por un nuevo escándalo.

Los jóvenes siempre han estado visto como sospechosos y los peligrosos gráficos con indicadores de cesantía, drogadicción, delincuencia y violencia los continuaron marcando. Ante una respuesta de la sociedad que se torna represiva, insensible o poco innovadora, responden con un "no estoy ni ahí". Frase que no tiene un sólo significado, ya que si bien representa el descontento y rechazo con la sociedad actual, es también una forma del individualismo que es parte de la sociedad hoy.

Pero la sociedad esconde aún sus realidades. Para los jóvenes de los sectores populares la educación no es un camino viable de ascenso o integración social, prefieren hacer actividades no sistemáticas que los entrenen para la vida cotidiana y para armar su propio futuro. Para otros, la discriminación actual los obliga a mejorar la educación y los conocimientos que no tuvieron en su propios hijos, para que enfrenten a esta sociedad. Los jóvenes urbanos populares ocupan más los espacios públicos, y es justamente allí donde más se les vigila. El sistema los abandona, son vistos como un costo, y deben afrontar solos los vaivenes económicos que los busca como primeras víctimas. Y, ante la miopía de la sociedad, deben afrontar su sexualidad y sufrir la exclusión si se encuentran con la droga.

Hay quienes esperan y desean que los jóvenes sean el futuro del país, soñando con aquellas cosas que siempre esperaron ver y que la sociedad no ha hecho. Pero ello significa sacarse las caretas, para enfrentar los desafíos que anuncian y denuncian los jóvenes. La falta de transparencia para enfrentar los temas, el culto al tener y las apariencias de este nuevo país, alejan a los jóvenes.

Que la igualdad y la justicia sea practicada y las verdades no sean a medias. Que el tradicionalismo y el conservadurismo den paso a nuevas formas de enfrentar, con nuevos criterios y políticas, temas complejos como la sexualidad, la drogadicción y la violencia. Que la represión no sea el eje que mueva las iniciativas legales, como una sociedad que sólo intenta protegerse de sí misma. Que se elimine la exigencia del consenso en todo, que desmoviliza y promueve una especie de disciplina en la que no cabe la diversidad, el disenso y la crítica. Que la creatividad y las nuevas formas de organización y representación social tengan posibilidad de expresarse. Son todos temas que hay mirar desde los propios jóvenes.

Ser joven hoy es casi un estigma. Sin embargo, la solución está en las manos de los propios jóvenes, ya que cuando así lo han decidido, han liderado los cambios sociales. Y en este mundo adverso hay que esperar que esta rebeldía surja de sus propios mundos, y haga un gran aporte al desarrollo político y social del país.

Consumo de drogas y alcohol, porcentaje de consumo:

Tramo de edad

12 A 18

19 A 25

26 A 34

Años

1994

1996

1994

1996

1994

1996

Tipo de drogas

Marihuana

Pasta Base

Cocaína

Cualquiera de ellas

Alcohol

9.0

1.9

1.6

9.4

20.0

10.7

1.5

1.0

10.9

31.8

21.3

3.2

4.9

22.2

46.2

33.1

4.5

5.5

33.7

56.0

19.9

3.5

3.7

20.9

46.9

23.5

33.0

4.7

24.3

50.0

Fuente: Segundo Informe Anual sobre la situación de droga en Chile. CONACE.1997

En MOMIC (Modelo Metodológico Intersectorial Comunitario), iniciativa generada desde el PIIE (Programa Interdisciplinario de Investigaciones en Educación), a partir del año 2005 se trabajo en el diseño de un modelo intersectorial dirigido al mejoramiento de las condiciones de vida de jóvenes en riesgo social de las comunas de Cerro Navia, La Pintana y Pudahuel, experiencia que permite constatar que, si bien existen algunos programas dirigidos a jóvenes, éstos no logran ser parte de una política pública debido a:
1. Falta de una concepción integral: Los programas hacia jóvenes en riesgo social enfocan sus recursos a la solución de problemas determinados (delincuencia, drogadicción, trabajo, etc), sin considerar que cada problema se encuentra en un contexto de vida del joven pudiéndose identificar diversas necesidades. La falta de articulación y focalización de las iniciativas públicas y privadas ha generado un bajo impacto en los territorios y soluciones inútiles.


2. No se genera capital social: Las iniciativas no consideran dentro de sus líneas prioritarias la generación de confianzas. Los jóvenes en riesgo desconfían de las instituciones y de sus propios vecinos, por lo que cualquier acción se ve limitada a la escasez de redes que lo mantienen dentro del mismo círculo.
3. Falta de coordinación intersectorial: La oferta pública y privada contiene programas que podrían beneficiar a jóvenes en riesgo social, pero la falta de coordinación hace que esta oferta sea en extremo atomizada.
4. Falta de oportunidades para el trabajo y emprendimiento: Aunque se realizan capacitaciones en oficios y se entregan microfondos para emprendimientos, los programas públicos enfocados en estas zonas no solucionan dos problemas importantes: la dificultad en obtener trabajo y la carencia de mercado en los emprendimientos.

Es necesario pasar de una visión adulta y restringida en materia de juventud, hacia el diseño de políticas que incorporen a las nuevas generaciones al proceso de cambio que se quiere promover, concibiendo a los jóvenes como destinatarios de servicios y actores estratégicos del desarrollo. Consideramos relevante trabajar hacia una efectiva articulación de oportunidades entre organismos públicos, privados y de la sociedad civil, dotando de capacidades y recursos que trasciendan la mera ejecución de programas acotados, conservadores y funcionales.

La política, como uno de sus significados básicos, es el arte de la preocupación por los temas públicos; cuando las personas participan del trabajo de adecuar distintas visiones entorno a solucionar un problema o aportar con su perspectiva en una sociedad democrática teniendo como principal fin el bien común, es hacer política, independientemente de posición o rol en que se encuentre.

Especial relevancia tiene esta tarea, cuando la ejerce el segmento juvenil de la población, a través de distintas instancias de participación que otorga una sociedad democrática. La vinculación activa de los jóvenes en los temas públicos, contribuye de manera positiva a la realización de distintas tareas pendientes con relación a este importante segmento de la población chilena y es medida de presión a las autoridades para tener un planteamiento a los temas que les interesa avanzar.

Existe un real consenso en que la participación política es fundamental para el fortalecimiento de la sociedad civil y el sustento de la democracia como sistema de gobernabilidad. Sin embargo, existen encuestas que revelan una decreciente participación social, y un aumento del desinterés por participar en las elecciones y la critica al actual sistema.

Por otra parte, la inscripción de los jóvenes en los registros electorales disminuye: más de 1.500.000. de jóvenes no se inscribieron en las pasadas elecciones parlamentarias en Chile.

Tras casi dos décadas de lucha democrática y a 13 años de recuperación de nuestros derechos políticos, menos del 55% de los jóvenes ejercen su derecho ciudadano en democracia; elegir y ser elegido; Con las cifras de la encuesta del INJUV parece claro que los jóvenes rechazan la actividad tradicionalmente asociada a la política.

¿Qué quiere decir el rechazo de muchos jóvenes a la inscripción electoral y a la institucionalidad política?. Los jóvenes que no se inscribieron, ¿no quieren ser ciudadanos?, ¿No quieren elegir sus representantes políticos, ni participar en la toma de decisiones colectivas?, ¿Están marginados de la actividad política? ¿Desconocen o no tienen un estudio cívico político? ¿Desconocen el funcionamiento de las políticas públicas y la Agenda de Gobierno?

Podría ser desafiante y aventurar dos respuestas además de la tesis que diversos autores y cientistas políticos han emitido:

Primero, que la política ha perdido centralidad en la vida de los jóvenes chilenos; Eso refleja en el hecho que la mayoría de los jóvenes se inscribió en el periodo del plebiscito del NO y las elecciones presidenciales de 1989, cuando se jugaba en ello un cambio de país y había una fuerte polarización en torno a proyectos políticos distintos, que en cierto modo, involucraba desde aspectos macro hasta aspectos de la vida personal. En esa época se jugaba la libertad individual y social.

Pero hoy día ¿qué esta en juego? Nos encontramos como una sociedad en la cual no existen proyectos muy distintos, La oferta de los partidos y de la sociedad es de continuidad. Sin cambios estructurales que impliquen revoluciones o proyectos ideológicos de cambio central. El papel confrontacional de la política y la relación militante de la gente con ella tiende a reducirse, entonces disminuye la importancia de la participación en partidos políticos. Esto demuestra una falta de propuestas innovativas en los partidos que revivan la esperanza y la atracción de incluir sus filas por parte de los jóvenes y participar de un proyecto país.

Además, un riesgo, es mirar el tema de la política como una asunto exclusivamente de solo los políticos, lo que significaría una mayor concentración de esta actividad, esto quiere decir que la ciudadanía al no ejercer sus derechos civiles, están renunciado a ser participes de la toma de decisiones y solo se lo delegan a los políticos. Si a eso se le suma el esfuerzo cotidiano de deslegitimación de la política por los propios políticos, incluso por algunos candidatos presidenciales, el asunto se ve más oscuro aun.

Por otra parte, asimismo, amerita considerar que Chile esta pareciéndose a las sociedades del mundo desarrollado, en que la participación política es escasa. A diferencia de estas, nuestra estructura política, aun tiene debilidades que impiden en convertirse en una “democracia moderna”. No solo las debilidades estructurales como nuestro actual sistema electoral o los senadores designados, sino también de los proyectos alternativos de sociedad que puedan interesar a los futuros adultos y que ofrecen los actuales Partidos políticos.

Considero sí, que llamar “democracia moderna”, donde la participación de la gente es escasa, es un error, por que considero que esta seria la que construyen todos los ciudadanos día a día basándose en los valores de la solidaridad y la justicia social construyendo cada día una sociedad para todos y con todos en democracia, creo que es un requisito fundamental, que una sociedad que desee alcanzar el concepto de “democracia moderna” debe necesariamente contar con un porcentaje de participación social, civil y política importante.

Entonces, ¿Los jóvenes participan de la vida publica?

Alrededor del 45 % de los jóvenes participan en algún tipo de organización, lo que no cuadra con la apatía generalizada que se imputa al sector juvenil. La participación de los jóvenes en organizaciones sociales es un aspecto clave de su vida publica. Esto confirma a la aseveración anterior respecto de que los jóvenes no ven a la política y los políticos como principales solucionadores de problemas.

Las modalidades de participación juvenil han variado hacia formas de agrupamiento que no necesariamente tiene un carácter organizativo formal, sino que giran entorno a intereses comunes como la adhesión a equipos de fútbol, corrientes estéticas, musicales o de grupos religiosos entre otros. De hecho, en los últimos años crece la confianza hacia los medios de comunicación o a la iglesia que a los partidos políticos o parlamentarios.

¿ Es posible que la política recupere centralidad para los jóvenes?

Creo que la respuesta a esta pregunta es compleja, pues la posibilidad de la política de reencantar a los jóvenes pasa por diagnosticar bien a que problemas nos enfrentamos en nuestra sociedad.

Creo, apoyándome en algunos elementos de encuestas, que los jóvenes no son los anónimos, o antisistema, que muchos piensan. Al contrario, los jóvenes de los noventa no cuestionan al estado, ni a la institucionalidad publica, ni tampoco al sistema democrático, sino a los partidos políticos, a nuestro sistema de representatividad política. Los jóvenes no están contra el sistema, no son anárquicos, creen en el estado, creen en una sociedad mas justa, menos desigual, más solidaria y de verdadera preocupación por los mas desposeídos.

La postura de los jóvenes de los noventa nos invitan, incorporando tanto a los partidos políticos como a la sociedad civil, a crear una sociedad mas desarrollada, mas justa y más igualitaria, que refleje los sueños y esperanzas de esta juventud que construirá el país del mañana. Esto nos indica que nosotros tenemos que ganarnos los espacios a punta de esfuerzo y de trabajo, no dejando de recordar las tareas de estado que aun quedan por realizar en distintas materias que conciernen a los jóvenes, pero una de esas tareas las tiene uno y cada uno de nosotros de construir una sociedad con una verdadera justicia social, más solidaria, más humana, en consecuencia una sociedad mejor para todos.

Quiero finalizar estas reflexiones con un mensaje de optimismo y confianza en nosotros los jóvenes, nosotros si estamos AHÍ, estamos en las organizaciones sociales, en las artes, en la música, en la plástica, en la escultura, en la literatura y en la danza. Estamos también en el deporte. Etc.

No nos acostumbremos a la democracia como al aire que respiramos cotidianamente, sino, que nosotros tenemos que ganar los espacios y a diario construir la sociedad que tanto deseamos.

Estamos en el sueño del futuro, y tenemos la memoria social de recordar que nuestra sociedad sigue siendo muy desigual y que no podemos abandonar la tarea de realizar una sociedad mejor para las próximas generaciones de chilenos por que tenemos la fuerza de producir esas trasformaciones sociales que tanto el país requiere,ademas de pensamientos con una nueva mirada he ideas. Y un mensaje para los que no creen en nosotros los jóvenes chilenos...”nosotros no solo somos problemas, sino que somos parte de la solución,somo las nueva esperanza y el progreso que busca la democraci por un mundo mas justo, igualitario”.

¿Algun dia seremos parte del sistema y participes en la creacion de las politicas?¿Cambiaran los partidos sus ideales para conquistar y seducir a los Jovenes?.

" Podrán morir las personas, pero jamás sus ideas. "

" Seamos realistas y hagamos lo imposible. " (ECHA.)